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La familia de Carmenza Barrios, a quien llamaremos así para proteger su identidad,  sufrió en carne propia los años de terror en Santa Marta.

Por violencia paramilitar

La época de las balas y el terror en Santa Marta

Por: María Angélica Iguaran Giraldo

Su sobrino Gabriel quien prestaba servicio militar en el 2005, decidió viajar a la capital del Magdalena en su temporada de vacaciones. Aquí su padre le había dejado como herencia una tierra que era vigilada por unos familiares, pero al llegar y manifestarle a su tío el deseo de recuperar lo que por ley le correspondía, las relaciones se tornaron tensas porque ya la familia lo había vendido todo. Así comenzó a descomponerse la familiaridad y ya existía rivalidad.

A los oídos de los paramilitares ubicados en la Sierra Nevada llegó la noticia de que Gabriel era guerrillero y de esta manera se convirtió en una de las tantas víctimas de esta banda criminal. Sin estar dentro del conflicto, fue asesinado.

“Estaba tomándose una gaseosa en la tienda, llegaron y lo mataron… Delante de todo el mundo, delante de su mamá” dice Carmenza con el dolor que le produce recordar ese día.

Historias como esta es una de las tantas que se vivieron en Santa Marta durante la época paramilitar del 2003-2012, en cualquier esquina se sentían los estruendos de un disparo que acaba con una vida o se escuchaban los rumores de los que habían sido degollados, descuartizados y enviados en bolsas negras por los ‘paracos’, quienes cobraban cada deuda o encargo criminal, con sangre.

En estadísticas entregadas por la Policía Nacional, la cifra de homicidios ocurridos en Santa Marta entre 2003 y el 2012 fue de 1804 personas, siendo el 2003 el año que presentó la cifra más alta con 256 asesinatos, las investigaciones señalan que la mayoría de estas muertes se deben al paramilitarismo.

En esa época, los medios de comunicación reportaban que “nadie estaba fuera de su casa después de las nueve de la noche y que aproximadamente cada 30 horas era asesinada una persona”. Hoy se recuerdan esos años como ‘La época del terror’.

Según la historia, el paramilitarismo tomó fuerza desde mediados de los años 80, para defender de  secuestros, extorsiones y asesinatos perpetrados por la Farc, a los dueños de fincas que comenzaron a armar y financiar a estos grupos ilegales al margen de ley, quienes también recibieron el nombre de Autodefensas. Fue así como con la ayuda de caciques políticos y terratenientes, que se fortalecieron.  De esta manera nacieron las bandas criminales que infundían temor, hasta el punto, que todos se remitían a pedirles permiso, demostrando así su poder.

Cuando estuvo el exparamilitar Hernán Giraldo asentado en las tierras de la Sierra Nevada de Santa Marta, fue una época difícil porque todo lo que bajaba o subía de allá era paramilitares o víctimas y algunos no se volvían a ver más.

Durante el mandato del expresidente Álvaro Uribe se desmovilizaron las autodefensas y ‘los del monte’ se vinieron para la ciudad, muchos de esos reinsertados fueron poco a poco asesinados porque los cabecillas querían que se reintegraran y si no lo hacían, los mataban. Eran personas que querían tener una vida normal, pero no corrieron con suerte.

“2002, 2003, 2011 y 2012 fueron años bastante neurálgicos, en esa época de lo que era marzo a diciembre se reportaban 53 homicidios… Por cada 100.000 habitantes en la época de congestión y homicidios, teníamos unos 47% de asesinatos, era la cifra más alta en el mundo” asegura la Coronel Sandra Vallejos, quien señala que las cifras de ese entonces aumentaban por luchas territoriales entre bandas criminales.

Para los ‘paracos’ era necesario tener aliados políticos para mantener el control territorial y garantizar el silencio ante los abusos que cometían sus integrantes.

 “Todas las noches se mataban de 4 y 5 diarios eso no era que de vez en cuando uno o dos a la semana, era diario” señala Álvaro Cotes, periodista judicial de la ciudad de Santa Marta, quien fue el encargado de cubrir todos los ataques paramilitares efectuados entre el 2003 y 2012. Esa fue la época más violenta porque había asesinatos selectivos. “si alguien quería que le mataran a un vecino, buscaba la manera de decirle a la gente que estaba en las autodefensas que el vecino era un guerrillero y apenas tenían ese reporte, lo mataban.” Como sucedió en el caso de Gabriel, quien luego los cabecillas paramilitares se enteraron que era un militar y mataron al que lo mal informó, así la cadena iba en secuencia.

Aunque son cifras oficiales, los datos de muertes en la ciudad de Santa Marta durante esos años no se conoce con exactitud, porque entre los muchos secuestros realizados por los paramilitares hubo personas de las que más nunca se volvió a saber, “desde hace dos años para acá estamos trabajando con un nuevo sistema donde hacemos un corte semanal de las muertes que hubo, antes se manejaban estadísticas más generales” afirma Donangel Ardila Emiliani, jefe de la sala de análisis criminal de la Fiscalía.

En el 2006 Hernán Giraldo se desmovilizó y en el 2008 fue extraditado, de esta manera se fueron desintegrando poco a poco las bandas criminales.

Hoy las causas de asesinato son por intolerancia y por ajuste de cuentas más que por grupos al margen de la ley. Desafortunadamente la cultura de ilegalidad aún existe a pesar de tener menos homicidios y aunque las causas no sean por lucha territorial,  existe el atraco, disputas, el hurto que cada día van cobrando más vidas que se posicionan en bases de datos como un número que la Policía debe reducir.

En el año 2016 quiso establecerse en Santa Marta el 'Clan Golfo', un nuevo grupo paramilitar, pero con la actuación rápida de la fuerza pública y de la policía ellos no han podido posicionarse, pero siguen intentándolo y eso despierta temor.

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